xmlns:fb='http://www.facebook.com/2008/fbml' xmlns:og='http://opengraphprotocol.org/schema/'> googleac9100d9235805a7.html El blog de Pedro

jueves, 10 de julio de 2025

 (ojo, no soy ni teólogo ni erudito, sino un hermano que escudriña las Escrituras como usted también lo hace)

‎UNA REFLEXIÓN SOBRE EL APOSTOLADO

‎Ser apóstol es tener un ministerio. La palabra ministerio significa servicio. Los ministerios son dados para la edificación de la iglesia (Efesios 4:11,12). Pareciera que hoy muchos usan el título sin reflexionar en su verdadero propósito ni en la humildad que requiere.


‎En el libro de Hechos de los apóstoles Lucas suele llamar a Pablo por su nombre y no resalta el título de apóstol, salvo en pocas ocasiones. En el concilio de Jerusalén se tratan como “varones hermanos” ( Hechos 15:13 ). Pablo aunque en sus saludos en sus cartas se llama a sí mismo apóstol también se considera “el más pequeño de los apóstoles”  y no ser digno de ser llamado apóstol ( 1 Corintios 15:9 ) y Pedro se presenta como “siervo y apóstol”.


‎ Mateo que es uno de los doce apóstoles y quien escribió el evangelio que lleva su nombre, no escribe ni su nombre ni su ministerio como título del libro al inicio de su evangelio; lo escriben  los diferentes editores de las diferentes versiones de la Biblia, pero en los diferentes manuscritos no aparece asi ). Lo mismo hacen Marcos y Lucas. El apóstol Juan se identifica como discipulo ( Juan 21:24 ). En sus cartas Juan, Santiago y Judas prefieren el término “siervo” o “anciano”. Esto muestra un patrón de humildad y servicio por encima del título.


‎Quienes se consideran apóstoles en la actualidad deben cuidarse de presunción y mirarse en el espejo de la Palabra, imitando dentro del corazón la mansedumbre y humildad de Cristo (Mateo 11:29).

‎Concluyo la reflexión diciendo que la autoridad de la verdad es la Palabra de Dios, no las tradiciones,  ni dogmas de la iglesia, ni las experiencias, aunque estás existen . Ella misma reclama su autoridad cuando dice: “Sécase la hierba, marchítase la flor; más la palabra del Dios nuestro permanece para siempre” (Isaías 40:8).


‎Bendiciones.

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