El Ídolo del Conocimiento
El Conocimiento También Puede Convertirse en un Ídolo en los cristianos.
sentido de la búsqueda de la pureza doctrinal, el conocimiento, la ortodoxia y el gran cuerpo de
conocimientos que se ha acumulado alrededor de la Iglesia a través de las edades. Con todo ello y
con demasiada frecuencia hay un lado oscuro en nuestra tendencia intelectual: Una búsqueda de conocimiento que reemplaza la búsqueda de Dios. Para ponerlo claramente, el devorar libros acerca de Dios no necesariamente es la misma cosa que devorarse a Dios mismo.
En mi propio caso, y quizás en el de muchos, este proceso comienza de manera bastante inocente.
Muchos de nosotros nos encontramos en iglesias con una inclinación anti-intelectual, y cuando
descubrimos una rica veta de pensamiento Cristiano en la herencia clásica Protestante,
nos sumergimos con toda nuestra hambre de amar a Dios con nuestra mente (Mateo 22:37),
tal y como se nos ordena. Los hombres, especialmente los hombres jóvenes atraídos al ministerio
en alguna manera, pueden muy pronto llenar estantes de libros con miles de páginas y, en mi
propio caso, encontrarse constantemente merodeando por más. Después de todo, hay tanto
que leer allá afuera, y el tiempo es nuestro enemigo.
Sin embargo, gradualmente nuestro foco puede tornarse no en amar a Dios, sino en amar un
conjunto de proposiciones, verdades y doctrinas acerca de Dios. Este es un ídolo sutil, y
sin embargo es uno que todavía necesita ser hecho pedazos. Es sutil porque en lo exterior se
halla muy cercano a la piedad verdadera, y no obstante, nuestros afectos son dirigidos a
buscar más y más conocimiento – no para volvernos más como Cristo – sino para ser más
listos que los oponentes, ganar argumentos o simplemente para ser un sabelotodo.
Contrario a esta búsqueda sin fin y vana, la Escritura nos exhorta: “Antes bien, creced en la
gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (2 Ped. 3:18). Cuando la Biblia
habla de conocimiento, nunca quiere decir un conjunto desnudo de hechos, separados de cómo
vivimos.Tenemos el famoso ejemplo de los demonios (Santiago 2:19) cuya teología probablemente
es intachable, pero cuyas vidas son el mal continuo y la rebelión en contra de ese conocimiento.
Sabemos que nuestra meta última, a la cual hemos sido predestinados, es la conformidad a la
imagen de Jesucristo (Romanos 8:29). Obviamente, si queremos emular a Cristo, no nos vamos
a convertir en flojos intelectuales, después de todo, ¿quién sabe más que él? ¿Quién tenía un mejor
dominio de la Escritura que él? Sin embargo, su vida no consistía solamente en saber, sino en
hacer. El servicio, la adoración y una actitud humilde eran las marcas distintivas de su vida.
Jonathan Edwards reconoció estas dos aproximaciones muy diferentes al conocimiento, él dijo:
Existen dos tipos de conocimiento de la verdad divina, a saber, la especulativa y la práctica, o
en otros términos, la natural y la espiritual. La primera se queda solamente en la cabeza.
Ninguna otra facultad sino el entendimiento es la que se interesa en ella. Consiste en tener un
conocimiento natural o racional de las cosas de la religión, o de tal conocimiento como ha de
obtenerse por el ejercicio natural de nuestras propias facultades, sin ninguna iluminación
especial del Espíritu de Dios. La última no descansa totalmente en la cabeza, o en las ideas
especulativas de las cosas; sino que el corazón tiene que ver con ella: consiste principalmente
del sentido del corazón. El mero intelecto, sin la voluntad o la inclinación, no es el asiento de
este conocimiento. Y puede no solamente ser llamado visión, sino también sentimiento y sabor.
Así pues, hay una diferencia entre tener una noción especulativa correcta de las doctrinas
contenidas en la palabra de Dios, y tener un debido sentido de ellas en el corazón. De lo
primero consiste el conocimiento natural o especulativo, de lo último consiste el conocimiento
espiritual o práctico de ellas.
De manera que, ¿cómo nos aseguramos que no estamos meramente adorando el conocimiento
acerca de Dios en lugar de adorar a Dios mismo? Tengo algunas sugerencias:
Primero, evalúese Ud. mismo y su estudio: ¿Qué está motivando su búsqueda de conocimiento?
Cualquier otra cosa que no sea el servicio a Cristo y a su Iglesia y la conformidad a su imagen es
idolatría.
Segundo, arrepiéntase de todas las búsquedas idolátricas.
Tercero, despójese del viejo hombre y vístase del nuevo (Efesios 4:22-24). Esto podría significar
una porción de tiempo diferente, una actitud diferente del corazón hacia el estudio, estudiar
diferentes temas (asuntos del corazón, teología práctica vs. debates periféricos interminables), y otros cambios a los que el Espíritu le dirija.
Finalmente, la médula de todo lo que hacemos se resume en esto: “Si, pues, coméis o bebéis, o
hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios” (I Corintios 10:31).
Por Joel Wilhelm